“El Cisarro”: Símbolo de la falta de voluntad de las élites de intervenir a un menor

Por: Daisy Castillo Triviños

Hoy, Cristóbal Cabrera, tiene 21 años y desde que era menor de edad se hizo, lamentablemente, conocido en las páginas policiales, por participar en la comisión de robos y asaltos. Cuando cumplió los 14 años, ya tenía 26 detenciones, de ahí la historia, suma y sigue.

Esta semana, los medios de comunicación informaron de la detención y formalización de Cristóbal por participar junto a otros jóvenes en un asalto. ¿Cómo ha sido la vida de este joven que, en algún momento, fue parte de la red del Sename?, ¿alguna vez recibió tratamiento integral para enfrentar sus problemas mentales, por ejemplo?, ¿qué tan abandonado dejó el Estado a este niño, hoy adulto, que jugó fútbol y algunos lo consideraron como una promesa deportiva?

Rodrigo Paz, es psiquiatra y trabajó, precisamente, con Cristóbal. En conversación con The Times Chile, el profesional lo primero que señala es no llamar al joven por el apodo con que se le conoce, porque hacerlo es partir, de inmediato, estigmatizándolo. Relata que “Cristóbal llegó (en 2010) derivado de un Juzgado de Familia de Santiago a lo que era la Unidad de Hospitalización Psiquiátrica de Corta Estadía para niños y adolescentes infractores de ley del Hospital Luis Calvo Mackenna, era una Unidad creada por un convenio entre el Ministerio de Salud y el Ministerio del Interior de la época y cuyo objetivo era proveer de cuidados de salud mental a niños y adolescentes con patologías psiquiátricas que estuvieran en conflicto con la justicia”.

Agrega que “Cristóbal venía con un largo prontuario, desde los 7 u 8 años que ya venía con graves trastornos de la  conducta que habían hecho imposible poder escolarizarlo y, luego, había entrado a una escalada de consumo de sustancias y, finalmente, conductas delictivas. Él aparecía como líder de una banda de niñitos y adolescentes, de una barriada en Peñalolén, y se había hecho conocido por un asalto muy violento a un empresario en La Reina”.

-¿Cuáles fueron las razones de la derivación de Cristóbal la Unidad de Hospitalización Psiquiátrica que usted indica?

Todos los abordajes que se habían hecho hasta ese momento, estamos hablando entre los 7 y 8 años, hasta los 10 años, cuando llegó a la Unidad, nunca había sido a una evaluación psiquiátrica, pese a que tenía síntomas de descontrol de impulso, de inestabilidad emocional. Nuestra tarea consistió en hacer una evaluación médica y psicológica de él y de su entorno familiar.

El psquiatra, Rodrigo Paz señala que en los sectores más acomodados, “son niños que terminan en tratamiento por déficit atencional, por trastornos del ánimo y que alimentan las consultas privadas de los neurólogos y psiquiatras de todo el barrio alto. El problema es cuando estos niños salen en familias que son víctimas de exclusión social o nacen en bolsones donde se mezcla exclusión social, pobreza y delincuencia, siguen en este curso y no son tratados integralmente”.

-¿Y qué pasó con Cristóbal, después que usted junto a otros profesionales le hicieron el diagnóstico?

Tenía síntomas de trastornos del ánimo lo que era compatible con una enfermedad bipolar, se inició su tratamiento con estabilizadores del ánimo, se comenzó con una psicoterapia con una psicóloga infanto-juvenil dedicada, exclusivamente- dedicada a trabajar con él y, a la par, se asignó a un  psicólogo para trabajar con la madre de Cristóbal. Cuando ingresó a la Unidad, entró “El Cisarro”, agresivo, violento, escupiendo y hasta destrozó un ala entera de la Unidad donde estaba. Dormía tres horas diarias, tenía una forma de insomnio con hiperactividad que es muy característica de los cuadros bipolares, se inició el tratamiento y empezó a aparecer Cristóbal, un niño muy tierno, jugaba con otros niños y se generó un vínculo con el personal de enfermería, algunos especialistas iban al cine con él y se empezó a vincular con la Escuela de Fútbol de la Universidad de Chile.

-¿Se inició, tengo entendido, su proceso de re-escolarización?

Así es. Se empieza a trabajar con la mamá de él para conseguir que también ella se tratara, también tenía problemas como suele ocurrir con estas patologías psiquiátricas graves, hay cargas genéticas importantes y producto de todo el trabajo, en los años que siguieron, este niñito que era una especie de símbolo de la delincuencia, intratable para algunos, dejó de delinquir, logramos que de segundo básico avanzara hasta séptimo básico y todo este proceso que iba encaminado en una buena dirección, se vio abortado.

-¿Por qué?, ¿qué ocurrió?

El director del Sename de la época, Rolando Melo y, después de su paso por el Sename, ahora es Jefe, nada menos, que de la Unidad de Infractores de Ley del Ministerio Público, es decir, le entrega directrices a todos los fiscales que se las ven con niños y adolescentes infractores de ley en todo Chile. Este abogado ordenó que Cristóbal fuera egresado del Sename, él estaba en ese momento en el CTD de Playa Ancha (en Valparaíso), fuera entregado a la madre, sin ninguna supervisión, sin asegurarse de que la mamá estuviera en tratamiento y, al poco tiempo, nuevamente, Cristóbal vuelve a delinquir, pusimos con todo el equipo un recurso de amparo en favor de Cristóbal –que llegó hasta la Corte Suprema-, donde dijimos que este niño con casi cumplidos 14 años, estaba siendo tratado como si fuera un delincuente común, en circunstancias, que era un niño con patologías psiquátricas y que producto que se había descontinuado su tratamiento, había vuelto a delinquir.

-¿Qué determinó la Corte Suprema?

La Corte Suprema determinó que, dado que no existía un dispositivo del Ministerio de Salud que pudiera recibirlo, tenía que volver al Sename y ¿por qué no existía ese dispositivo?, porque al poco tiempo de que se hizo público el caso de Cristóbal, el Ministerio de Salud ordenó cerrar la Unidad de Psiquiatría para menores infractores de ley del Hospital (Luis) Calvo Mackenna.

-¿Por qué se suspendió, a su juicio, el tratamiento a Cristóbal?

Mi interpretación es que cerró esa Unidad y se saboteó, en la práctica, el tratamiento de Cristóbal, porque si nosotros como equipo hubiéramos demostrado que Cristóbal, este niño símbolo de la delincuencia, intratable para algunos, se podía rehabilitar, era poner una presión a que el Estado tuviera que invertir en más dispositivos y unidades con esas características y como hay una voluntad de todas las élites, transversalmente, de no invertir en estas unidades.

¡Símbolo del desprecio!

-Se dice que Cristóbal es el símbolo del fracaso del Servicio Nacional de Menores, ¿usted comparte ese criterio?

Para las élites resulta mucho más funcional decir que estos niños no tienen vuelta y, esto, se transforma en una profecía auto-cumplida, no invierten, se sabotea el tratamiento que estaba  siendo exitoso con Cristóbal. Cristóbal era y fue un símbolo de que era posible rehabilitar a un niño con este perfil, durante años no volvió a delinquir, se re-escolarizó. Cristóbal es un símbolo, no del mal funcionamiento del Sename, es el símbolo de la ausencia absoluta de voluntad de las élites de invertir en tratar a estos niños de una manera integral, neuropsiquiatría, psicología, terapia familiar, re-localización de familias que están prisioneras en bolsones de exclusión social y la delincuencia.